Un Monet inmersivo no muy ideal

Fuente: https://www.poblenouurbandistrict.com/en/ideal-inuaguracio/

La semana pasada se inauguró el primer Centro de Artes Digitales en Barcelona. Era un acontecimiento excitante y muy esperado por muchos profesionales del ámbito cultural. Según sus creadores, el Centro Ideal está inspirado en los modelos de los Centros de Artes Digitales tan conocidos como  el teamLab Borderless de Tokio y L’Atelier des Lumières de París, l’Artechouse de Washington DC, entre otros.

Hoy en día, la palabra «inmersivo», se ha puesto muy de moda en muchas experiencias y, especialmente, las vinculadas con el arte digital. Con origen en los videojuegos y la realidad virtual, gracias al desarrollo de las tecnologías, este término ha pasado a ser también utilizado en el arte digital. Lo inmersivo en el arte se comunica mediante el lenguaje de las sensaciones y emociones. En la inmersión envolvente, el estado de conciencia del espectador o usuario se transforma al verse rodeado por un entorno audiovisual y, a la vez, percibe su presencia en un mundo no físico (Sacristán, 2019).

Después del arranque poco exitoso de la exposición autodenominada inmersiva de Van Gogh, que se presentó en Barcelona hace unos meses, debo reconocer que tenía muchas expectativas en visitar la primera exposición inmersiva producida en Barcelona.

En los carteles publicitarios, en Twitter y en la página web, los organizadores afirman que en la exposición se utilizan proyecciones de 360º, 1.000 metros cuadrados de superficie de pantallas y la tecnología de la realidad virtual. Son razones muy poderosas para creer que es verdad, ilusionarse y comprar una entrada. Así lo hice y, llena de impaciencia, visité la exposición el pasado fin de semana.

El Ideal, es un antiguo cine de barrio que fue también plató de televisión y está situado en el borde de la cuadricula del Eixample. En este distrito urbano hay una mezcla de usos de construcciones y de estilos arquitectónicos distintos. Los históricos edificios residenciales conviven con los modernos centros educativos multimedia y de diseño. Cerca hay construcciones abandonadas y chimeneas que sobresalen, recordando su pasado industrial.

El Ideal está pintado de gris y es difícil distinguirlo de lejos porque se pierde entre construcciones similares. El vestíbulo de entrada, en el que se encuentran las taquillas, tiene dimensiones modestas. A su derecha un lugar para esperar el turno y, allí mismo, una pequeña tienda, algunas mesas y máquinas expendedoras de comida y bebida.

Fuente: Irina Grevtsova

Fuente: Irina Grevtsova

Dado que era el fin de semana, había mucha gente en la cola de entrada. En su mayoría eran del barrio, de mayor o mediana edad y familias. Prácticamente no había gente joven ni millenials. Y, como resultó más tarde, todo tenía su explicación: aquel día la mayor parte de los visitantes habían acudido por invitación.

Solo se podía entrar según el horario establecido y lo mejor era comprar las entradas de antemano. Decidí arriesgarme, fui sin entrada y justo al llegar mi turno, se agotaron las entradas y tuve que esperar dos horas más.

Mientras estaba esperando me hice con el tríptico gratuito de la exposición. Curiosamente solo estaban disponibles en catalán, pero no fue eso lo que me sorprendió. En el pliegue interior había un plano detallado de la exposición acompañado por la descripción del guion.

Los trípticos informativos son una herramienta utilizada en algunos museos y exposiciones tradicionales. Ayudan a los visitantes a planificar el recorrido y a orientarse mejor, pero en las exposiciones digitales no hay casi nunca trípticos ni rutas. El radar que guía al visitante son sus propias sensaciones. Los organizadores prescinden a propósito del texto y dan prioridad a la intriga, las sensaciones y las emociones.

Las dos horas de espera pasaron muy rápido. La hora indicada en la entrada que había comprado, coincidía con la hora de comer, por esto no había muchos visitantes, y los que había, en su mayoría eran familias con hijos pequeños y parejas de edad avanzada.

Mi turno no tardó mucho tiempo en llegar y nuestro grupo entró en la primera sala, un corredor largo y estrecho en el que a la derecha había pantallas informativas y a la izquierda, un pasillo. Los visitantes iban avanzando poco a poco. Se detenían de forma organizada y sistemática, leyendo con atención la información que aparecía en cada plafón.  Yo, en cambio, oía la música que venía de la sala inmersiva y me moría de curiosidad por llegar hasta allí.

Fuente: Irina Grevtsova

Fuente: Irina Grevtsova

La siguiente sala era de paso. En su centro se encontraba una pantalla en la que se proyectaba un documental sobre la historia de ese cine. La sala estaba vacía. Ninguno de los visitantes se había detenido aquí.

Fuente: Irina Grevtsova

La sala siguiente tampoco era inmersiva sino un taller de dibujo. Sobre las mesas había lápices y folios de papel. Se tenían que colorear las fotocopias de las pinturas de Monet y colocarlas en un escáner interactivo para ver la imagen proyectada en una gran pantalla.

Fuente: Irina Grevtsova

Esta sala me recordó el museo MORI de Tokio, en el que hay una sala taller de dibujo parecida, pero de dimensiones mucho mayores y al final del recorrido. Los dibujos de los visitantes se basaban, en este caso, en todo el mundo onírico de animales que habían experimentado en los espacios anteriores al taller. En MORI las imágenes dibujadas se proyectan e incorporan en movimiento, a todas las paredes, creando el efecto de inmersión. En esta sala del Ideal, sólo se quedó a dibujar una familia con un niño, seguramente por estar al principio del recorrido y falta de referencias. Todos los demás se dirigieron apresuradamente a la sala con cortinas de donde salía la música.

Aparté las cortinas y entré. Al ver las paredes y el suelo cubiertos de proyecciones digitales me di cuenta de que estaba en una sala tópicamente inmersiva. Sin embargo había mucha luz y la pared posterior, que se encontraba en el fondo de la sala, enseguida llamó mi atención. En la parte inferior de la pared se veía un agujero negro que anulaba la parte inferior de la pantalla. ¡Este agujero negro era la salida de la exposición!  Las proyecciones solo cubrían la mitad superior de la pantalla. ¡No podía creer lo que estaba viendo! La sensación de magia desapareció inmediatamente.

Miré a mi alrededor. Técnicamente los vídeos audiovisuales se proyectaban en los 360º pero, en realidad había muchas proyecciones al mismo tiempo y de temáticas distintas, por lo que para tener una visión global del espectáculo solo existe un punto de vista: estar frente a las tres pantallas completas.

Buscando un punto de vista mejor me puse de espaldas al agujero y frente a las cortinas a través de las cuales había entrado. Era desde ese punto desde donde mejor se veían las imágenes proyectadas, pero la visión solo era de 270º. Es también lo que hicieron los demás visitantes, distribuyéndose de forma proporcional por toda la sala. Algunos estaban sentados, otros se habían quedado de pie, pero no se movía prácticamente nadie. Todos estaban siguiendo las proyecciones de manera pasiva.

Fuente: Irina Grevtsova

Cabe decir que durante el espectáculo las cortinas se abrían y constantemente entraba gente lo cual distraía y dificultaba la percepción. Además, debido a la gran distancia de las pantallas y a su poca altura,  el techo  se veía muy bajo y salía en todas las fotos.

Existen soluciones técnicas para hacer que el techo y los accesos sean invisible. En el MORI, por ejemplo, las salas están sumidas en la penumbra y el techo apenas se ve. En los recintos divididos en espacios más pequeños, mediante tabiques, aparecen los espejos para doblar espacios y generar la ilusión de que las paredes son más altas. Son recursos sencillos que permiten resolver este problema.

Sala inmersiva del MORI. Fuente: Irina Grevtsova

En cuanto a la calidad de las proyecciones y los espacios destinadas a ellas había muchos defectos. Al mirarlas con detalle se podía advertir que las pantallas estaban mal ajustadas en los rincones de las salas. Las dimensiones de los objetos reales que se proyectaban estaban distorsionadas y eran poco creíbles. Los vídeos proyectados no eran interactivos. Era muy triste observar como un niño que intentaba jugar con los pececitos virtuales, éstos se alejaran sin hacerle ningún caso.

Fuente: Irina Grevtsova

El ritmo de los vídeos a veces era demasiado lento. Pero la principal decepción para mí fueron los contenidos y el guion. El video no estaba adaptado para ser proyectado en una sala inmersiva. Las escenas urbanas creadas en realidad virtual, como la de Venecia o del andén de una estación de ferrocarril, por ejemplo, se proyectaban sobre tres pantallas sin tener en cuenta la perspectiva. Producían la impresión de proyecciones aisladas. Los títulos de los cuadros, así como los cuadros mismos estaban incrustados en las fachadas de los edificios, entre las casas y los puentes. Las imágenes realistas del parisino museo de la Orangerie donde se exponen las  obras de Los Nenúfares causan un estupor aún mayor. Y nada de una proyección sorprendente de la particular técnica pictórica de Monet.

Fuente: Irina Grevtsova

La segunda sala estaba dedicada a la realidad virtual. A la entrada había un cartel que avisaba que el tiempo de espera era de 20 minutos. Teniendo en cuenta que la visita completa dura 50 minutos dedicar 20 a la espera puede provocar una cierta decepción.

Fuente: Irina Grevtsova

Fuente: Irina Grevtsova

La experiencia en sí dura 10 minutos. Representa un vídeo que recorre los cuadros más conocidos del artista. Es, con creces, la mejor parte de la exposición. El vídeo es de buena calidad y se proyecta en 360º. El gran problema de esta experiencia es que  apenas se oía la música, a causa del ruido que generaban los visitantes que esperaban  su turno en la misma sala

Como resultado de la experiencia de la visita se puede decir que los datos técnicos anunciados en los carteles publicitarios se cumplen. Pero hay muchos defectos que hacen que el efecto inmersivo no acabe de funcionar.  La distribución de los espacios, el uso de textos, las características espaciales de la sala inmersiva, la excesiva iluminación, el sonido incontrolado, el guion y la animación son algunos de los muchos aspectos que generan distorsiones en la percepción, generando proyecciones sin emociones y sin magia. En definitiva, no permiten la inmersión perseguida y anunciada.

Barcelona es una ciudad vanguardista en muchos ámbitos y las artes digitales están entre ellas.  En la ciudad trabajan grandes artistas y creativos, y se celebran festivales de prestigio internacional como Sónar y MIRA Digital Arts Festival.

El resultado de la exposición de Monet pone en evidencia que los organizadores tenían prisa por inaugurar el centro. Esperamos que la situación cambie con los próximos artistas invitados. La lástima es que la primera impresión de la visita estará presente durante mucho tiempo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *