MORI visto por dentro. La fábrica de experiencias y emociones inolvidables

La creciente tendencia de exposiciones digitales inmersivas se ha convertido de repente en un fenómeno mundial. Prueba de ello es la apertura en 2018 de dos museos digitales: el MORI Building Digital Art Museum en Tokio y l’Atelier des Lumières en París. Distintos en su contenido y en sus características tecnológicas, pero ambos casos son precursores de los grandes cambios que vivirá el mundo de los museos en un futuro próximo.

Recientemente tuve la suerte de visitar uno de ellos, el museo MORI de Tokio. El concepto, las salas llenas de diversas experiencias multisensoriales, la inmersión y la activa participación de los visitantes, hace que este museo sea único. Al mismo tiempo, según los comentarios de los visitantes, su innovador formato requiere una especial atención en lo referente a su gestión y a algunos aspectos de diseño.  

Para dar a conocer MORI con más detalle, voy a compartir mi experiencia en dos partes: primero hablaré sobre las experiencias y cómo se crean los componentes emocionales y, a continuación, complementaré mi exposición con el análisis detallado de otros aspectos fundamentales, que pocas veces se dan a conocer, como es el diseño, la accesibilidad, la gestión, etc.

MORI en cifras

Diseñado para la celebración de los Juegos Olímpicos del 2020, en menos de un año, MORI ha convertido Tokio en la meca del arte digital. En los primeros 5 meses más de un millón de visitantes ya han visitado el museo, de los cuales el 30% son extranjeros, en su mayoría Millennials e instagramers, atraídos por el hecho de experimentar nuevas sensaciones y ser protagonistas de «instamomentos».

Recordemos que el museo también se ha dado a conocer por su potente equipamiento técnico y digital: sobre una superficie total de 10 mil m2 se ubican 520 ordenadores y 470 proyectores. Según los expertos, cada una de las instalaciones digitales, vale entre 1 y 2 millones de dólares.

Fábrica de emociones y experiencias inolvidables

Al entrar al mundo de MORI, inmediatamente uno se da cuenta de que no se trata de un museo tradicional. En MORI no hay objetos, ni vitrinas. Tampoco hay audioguías, mapas y salas expositivas clásicas. El museo, por la impresión que produce, más bien se parece a una gran fábrica de producción de emociones y experiencias inolvidables.

El espacio “expositivo” recuerda un laberinto compuesto por una serie de salas y habitaciones, separadas por espejos y cortinas negras, en la que cada una de ellas esconde una experiencia única.

Una de las claves para comprender el éxito de MORI es el nuevo concepto «sin fronteras», que han desarrollado sus creadores, el equipo de arte teamLab. Según los autores, se trata de “liberar el arte digital de las limitaciones de la sustancia material. Los sentimientos y pensamientos, encerrados en la materia física del arte clásico, ahora pueden transmitirse directamente a los visitantes a través de las experiencias”.

Se refieren al concepto general del museo y, concretamente, a las instalaciones de arte, virtuales e inmersivas, que llenan muchas de sus salas. Gracias al uso de algoritmos especiales las proyecciones permanecen en estado de cambio y movimiento constantes. Entrando y paseando por las salas y sus instalaciones, el visitante se convierte en la parte integral de ellas. La absorción y la percepción del arte «desde dentro» se produce al poner a la persona en el interior de la instalación y activando sus sensaciones. Al «vivir” la experiencia de las instalaciones de arte en el propio cuerpo, los visitantes dejan de ser observadores pasivos y se convierten en creadores de sus propias experiencias.

Este nuevo enfoque en la conceptualización del espacio expositivo tiene un impacto directo en el comportamiento del público. Los visitantes, al sumergirse dentro de un entorno virtual, pierden completamente el contacto con el mundo real. Circulan a placer y de forma libre por las salas del museo y se dejan llevar por las emociones. La ausencia de «normas del museo» de comportamiento, da la sensación de completa libertad y liberación. En el museo prevalece entre todos los visitantes un clima de alegría, entusiasmo y emociones positivas.

La riqueza y variedad de las instalaciones artísticas

Según los creadores, en el primer museo digital se exhiben 50 obras de arte. Sin embargo, no todas las instalaciones son digitales. Algunas son analógicas. En muchas de las instalaciones la inmersión se logra mediante espejos o gracias a la forma tridimensionalidad de la obra. Más adelante he agrupado algunas obras artísticas en dos colecciones según sean digitales o analógicas.

Colección de instalaciones digitales inmersivas

Desde el punto de vista de la innovación, la intensidad de la experiencia, la inmersión y la participación por parte del visitante, esta colección representa la experiencia más rica e intensa en cuanto a la producción de experiencias. Y son estas instalaciones en las cuales se enmarca el concepto “sin fronteras”.

Bosque de flores es la instalación digital, en movimiento continuo, que da la bienvenida a los visitantes tan solo entrar al museo. Ocupa casi todo el espacio de la entrada al mismo. Pequeñas habitaciones sumergidas en la penumbra están separadas por superficies espejadas que crean un efecto caleidoscópico.

Las proyecciones digitales se proyectan bañando de color no solo las superficies de las paredes y suelos, sino que “se imprimen» en las caras y la ropa de los visitantes. Las proyecciones multimedia recrean el mundo de las flores utilizando múltiples colores y texturas, reaccionan a los movimientos, acciones y desplazamientos de los visitantes. La imagen visual colectiva única de la obra de arte, se complementa con la música de Hideaki Takahashi que influye en el ambiente de las salas y, por supuesto, en el estado de ánimo de los visitantes.

 

La instalación Los animales nacidos en el bosque de flores, formada por animales de flores, sale fuera de las salas del Bosque de flores y se desplaza a lo largo del pasillo principal del museo en el primer piso, siendo el leitmotiv de todo el museo. Las flores crecen de los cuerpos de los animales, florecen, se marchitan y mueren. Cuando se tocan, los pétalos se dispersan, recordándonos la fragilidad del mundo.

 

Otro ejemplo lo encontramos en la sala del Universo de partículas de agua. Se encuentra en una de las salas centrales del museo. Las proyecciones de video interactivas se proyectan en todas las superficies, lo cual crea el efecto de inmersión total.

En este trabajo artístico, el principal elemento es una cascada de agua que cae sobre piedras estilizadas y luego sus corrientes se dispersan en las superficies horizontales de toda la sala. La cascada es el fondo favorito de todas las fotografías que se cuelgan de Instagram ya que todos los visitantes quieren capturar esta experiencia única.

Al salir de la experiencia muchos vuelven la vista atrás para fotografiar los paisajes con composiciones interactivas de aves, existentes a lo largo del perímetro de la sala, y los riachuelos de agua en movimiento, en el pavimento de la sala.

El museo también cuenta con instalaciones digitales inmersivas que no implican interactividad, como es el caso de la Cueva Universal, ubicada en el primer piso del museo, instalación que puede verse en este video.

Se proyecta dentro del espacio tridimensional de “una cueva», con un efecto inmersivo que funciona si el visitante entra dentro. Para los espectadores, la visualización está permitida desde cierta distancia.

Esta proyección es la que se utiliza a menudo para promocionar el museo y es una de las más significativas. La composición musical creada especialmente para ella y el vuelo dinámico de las aves en el espacio tridimensional la hacen una de las más emocionales.

Colección de instalaciones analógicas inmersivas

En este segundo grupo el efecto inmersivo se logra mediante el efecto caleidoscópico de los espejos.

Bosque de lámparas resonantes

Esta obra de arte es de carácter analógico y su elemento principal son lámparas de distintos colores colgadas a distintas alturas en una sala rectangular formada por paredes de espejo, lo cual la hace infinita.

La visita se lleva a cabo según un horario estrictamente programado en el que cada 5 minutos entra un nuevo grupo nuevo, lo cual no evita que se formen colas de más de una hora de espera. Según los autores, la luz de las lámparas debe reaccionar al movimiento y al tacto de las personas. En realidad, desde mi experiencia, la luz cambia cuando el público entra a la habitación. De hecho, mientras estas dentro la instalación, la iluminación permanece estática, lo cual empobrece la experiencia.

Universo de cristal

El concepto del Universo de cristal es muy similar a la instalación anterior. También se utilizan espejos, esta vez incluso en el pavimento y techo, y la obra se experimenta también desde su interior.

Al entrar en la sala, los visitantes se introducen en la instalación tridimensional y pueden moverse dentro de ella gracias a una ruta prediseñada. La instalación consiste en una infinidad de luces verticales formando una escultura que personifica el universo. Se compone de miles de tiras de plástico que incorporan leds suspendidas del techo.  Evidentemente no está permitido tocar los leds.

Según los autores, el movimiento de los visitantes afecta a las partículas de luz y crea cambios en la instalación. Sin embargo, según mi experiencia, el espectro de luz estaba programado y cambiaba de acuerdo con las composiciones musicales. En general, la escultura genera una vivencia visual muy profunda debido a la posibilidad de sumergirse dentro de su estructura.

Espacio de escultura de luz

El último ejemplo es el espacio de Escultura de Luz. En esta experiencia los elementos principales son la luz y la música.

A diferencia de los ejemplos anteriores no hay elementos tangibles. La instalación consiste en movimientos de focos de luz que se mueven dinámicamente al ritmo de una música electrónica. El rendimiento está programado y, aunque los visitantes están dentro de la sala como en todos los ejemplos analógicos, son espectadores pasivos no involucrados en la obra.

El museo también cuenta con salas de juegos creadas para niños y espacios para la creatividad. Sobre ellos y otros aspectos importantes, continuaremos hablando en el próximo artículo sobre el MORI.

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