MORI Building Art Digital Museum: la otra cara de la moneda

A menudo los museos digitales se comparan con parques temáticos o  espacios de entretenimiento. Las mega proyecciones, las tecnologías multimedia y el sonido amplificado hacen que una exposición digital se parezca más a un espectáculo blockbuster que a una exposición museística. Pero no es solo cómo se presenta y se experimenta la tecnología digital, hay muchos otros parámetros que influyen en la experiencia del visitante y modelan su recuerdo y su opinión posterior. En este post compartiré mis experiencias personales de mi visita al MORI Building Art Digital Museum de Tokio.

¿Museo o parque temático?

Cuando decimos “museo” nos imaginamos el centro histórico de una ciudad o un entorno con edificios modernos construidos para encontrarse con el arte.

MORI es otra historia. Está ubicado en el distrito de compras y entretenimiento de Odaiba en una isla artificial a la que se tarda en llegar una hora desde el centro de Tokio. El tren te deja en la entrada de un gran centro comercial. Allí, en la segunda planta, al lado del Toyota Showroom, frente a la noria giratoria, entre comercios y restaurantes de fast food se encuentra MORI.

Vista interior del centro comercial Palette town

Ubicación del MORI al lado de la noria giratoria

¿Entrada al museo o al cine?

Largas colas en la entrada será la siguiente sorpresa que espera al visitante. Si llega a Tokio en otoño o primavera, es decir, en temporada alta, no evitará largas colas de espera. A pesar de que la entrada se puede comprar por adelantado on line, esto no garantiza que se pueda entrar al museo en el horario establecido. Nosotros tuvimos suerte y no tuvimos que esperar porque visitamos el museo en invierno.

Entrada al museo

En la entrada, que parece más la de un cine que la de un museo, nadie nos informó y advirtió que el guardarropa está en otro extremo. Entramos en la primera sala con maletas. Para dejar las maletas tuve que salir y volver a pasar por la entrada principal. La salida está en el mismo lado que la entrada. Al volver a entrar al museo no pude encontrar a mis colegas entre tanta oscuridad, espejos y reflejos. Debido a que el personal del museo no habla inglés, sólo nuestra intuición y wifi ayudaron a encontrarnos.

Vista de la entrada en el interior del museo

Pasillos con largas colas

En los pasillos del museo también os esperan largas colas. En muchas salas la entrada está programada según el tiempo de duración de las proyecciones. Esto genera muchas colas acumuladas en los pasillos estrechos y oscuros, dificultando la circulación y la visita de las instalaciones. Esperar varias veces más de tres cuartos de  hora es agotador y no da tiempo a visitar todo el museo.

                                                                  Largas colas en los pasillos

El personal, en su mayoría jóvenes japoneses, dan instrucciones en japonés y con carteles de cartón en inglés. En una de las salas, con lonas elásticas para saltar, en plena oscuridad tuvimos que agacharnos para mirar el texto escrito en pequeños trozos de cartón.

                          Carteles de cartón con instucciones escritas en diferentes idiomas

Museo sin ascensores

El edificio del museo tiene dos plantas. Preguntamos al personal y nos dijeron que no hay ascensores de uso público. Las plantas se conectan mediante una larga escalera sin plataformas de descanso. Incluso para los jóvenes no es fácil subir.

                                                            La unica escalera del museo

El acceso para ver la mitad superior del museo es imposible para los usuarios de silla de rueda. Hay descuentos para personas con mobilidad reducida, siempre que presenten un certificado oficial de la restricción de su movilidad, pero no hay ninguno para ver sólo la mitad del museo.

 

Instalaciones interactivas de trampa

No todo lo que se dice sobre las instalaciones artísticas de MORI es cierto. En la entrada de la sala de las tiras de Leds nos advirtieron que las tiras no debían tocarse, lo cual resultaba prácticamente imposible dada la gran cantidad de gente que recorría dentro de la instalación. En esta misma sala se ofrecía descargar una aplicación, y lo hice, pero no funcionó. Otra frustración técnica.

                               Instrucciones del uso de la App de la instalación Universo de Cristal

Varias instalaciones de fraude de este tipo. Sobre ellas escribí en el artículo anterior. Además, no siempre quedaba claro qué proyecciones eran interactivas y cuáles no. Uno de los recuerdos visuales que tengo es cómo los visitantes gesticulan y se mueven intentando influir en las proyecciones sin conseguir ningún resultado.

Experiencia non stop

En el museo no hay cafés ni restaurantes, y solo hay algunas pequeñas habitaciones en las esquinas, muy escasas en diseño y oferta. Disponen de máquinas expendedoras de comida y refrescos, aseos y algunos bancos para sentarse siempre abarrotados de visitantes cansados. En el museo, cuya superficie es de 15.000 m2, la visita puede demorar hasta 6 o 8 horas. La gente viene de todas partes del mundo y no hay un lugar donde descansar y comer.

Es imposible vivir esta intensidad de emociones sin descanso. Comer la comida fast food no es la mejor idea. Vi a muchos jóvenes, instagramers, a quienes no les importaba la cualidad de la comida que hacían stories en la cola. No puedo imaginar los visitantes de cierta edad, que necesitan descansar de tanta emoción y oscuridad, que tengan que aguantar estas condiciones más de 5 horas.

Conclusión

500 diseñadores, artistas, músicos del equipo TeamLab han creado esta obra de arte emocionante e innovadora. Pero no es suficiente crear una hermosa instalación. Sin preocupación por la comodidad del visitante no se valorará en su totalidad.

El contexto consumista contrastado con el concepto de museo de arte, las soluciones de alta tecnología presentadas junto con las instrucciones escritas en carteles de cartón, el encanto y la admiración por las instalaciones digitales y la decepción por los servicios y las colas de espera forman parte de mis recuerdos y mis experiencias tras la visita al primer museo digital MORI.

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