“La exposición de arte inmersivo no es una habitación con 4 proyectores y sonido”. Entrevista con el videoartista Stefano Fake

Las exposiciones de arte inmersivo generan expectativas y reacciones distintas. El público las visita por curiosidad,  porque es moda, algunos por error esperando ver cuadros y la gran mayoría para experimentar nuevas sensaciones.

En Barcelona, ​​las dos primeras exposiciones «inmersivas» celebradas el año pasado – Meet Vincent Van Gogh y Monet experience – dejaron a muchos confundidos y a bastantes decepcionados. Para conocer la situación en otros países, viajé a Florencia para verme con el artista italiano Stefano Fake.. Por suerte nuestro encuentro fue a finales de enero, justo antes del brote del coronavirus.

Stefano Fake es videoartista contemporáneo. En los últimos 4 años ha creado 20 exposiciones de arte inmersivo en distintas ciudades de Italia. Sus obras viajan por todo el mundo y su arte es uno de los más hashtageados y amados por los instagramers.

El estudio de Stefano se ubica en el barrio más renacentista de Europa. Muy cerca de su despacho se encuentra el David de Michelangelo, la gigantesca cúpula de Brunelleschi y la Galería de los Uffizi, una de las  pinacotecas de arte más importantes del mundo. En un entorno de arte clásico y de renombrados artistas y arquitectos, entre calles estrechas, a solo 50 metros del puente Vecchio, se esconde la iglesia románica Santo Stefano al Ponte, que desde el año 2016 ha sido convertida en un espacio expositivo permanente de arte inmersivo.

Stefano suele ir a la iglesia en bici, unas veces para analizar el estado de sus exposiciones, otras para observar el comportamiento del público. Visitamos la iglesia para ver su última obra  Inside Magritte. Después de la visita hablamos y al día siguiente realizamos la entrevista que se prolongó hasta las cuatro horas. Stefano, con muy buen sentido del humor, me contó muchas anécdotas sobre cómo el público ha percibido su arte desde sus inicios.

Selfie en la sala inmersiva de espejos, Inside Magritte. Fuente: Irina Grevtsova

Irina Grevtsova – Stefano, cuéntanos un poco sobre tu trayectoria profesional.

Stefano Fake He estudiado ciencias políticas en Milán y en la Universidad Complutense de Madrid. Pero siempre me han gustado el cine y el cine de animación. Cuando regresé a Italia empecé a hacer televisión musical y videoclips cortos de música. Luego hice videoproyecciones en el teatro. En 2001 fundé el estudio de videoarte “The Fake Factory” y empecé a utilizar videoproyectores para crear mis primeras obras de arte inmersivas.

IG – Exposición inmersiva o exposición de arte inmersivo… ¿qué término es más correcto?

SF – El término más apropiado es el de exposición de experiencia de arte inmersivo o, más simple, exposición de arte inmersivo. Se trata de un nuevo formato de exposición de arte. El arte inmersivo es una expresión artística que utiliza múltiples videoproyecciones, luces, sonidos, música a gran escala y a veces, incluso, esencias perfumadas para envolver e involucrar al espectador en una experiencia artística total, estimulando los sentidos y activando sus emociones.

IG -¿Cómo empezaste a trabajar en las exposiciones de arte inmersivo?

SF – En 2015 visité por primera vez una exposición inmersiva cuando vino a Florencia la exposición multimedia Van Gogh Alive, comercializada por Grande Exhibitions, una empresa australiana que desde 2010 ha llevado la exposición por todo el mundo. En aquel momento esta exposición, aunque era muy básica, resultaba muy impactante. A mí me pareció algo muy normal porque ya había proyectado la pintura del renacimiento alrededor de los espectadores, mediante videoproyecciones, cuando realizaba cenas y eventos privados. En la exposición de  Van Gogh, por primera vez la gente pagaba entrada por el arte proyectado. Nunca había pensado que pudiera haber un mercado para este tipo de proyecciones. Me llamó la atención este formato y con la productora italiana Medialart decidimos hacer la primera exposición sobre arte italiano en Italia. Hicimos Caravaggio experience en el Palazzo delle Esposizioni, uno de los museos de arte moderno más importantes de Roma.

IG – ¿Cómo era el espacio de esta exposición?

SF – Tenía 7 salas y era como un laberinto. Había un flujo continuo de imágenes y de música, de unos 50 minutos aproximadamente, que se mostraba simultáneamente en todas las salas a través de 33 videoproyectores.

Identifiqué 8 capítulos que tenían lugar al mismo tiempo en todo el espacio: Luz, Naturalismo, Enigma del Narciso, Teatralidad, Medusa, Violencia, Lugares de vida vividos y, finalmente, la Consagración de su Arte. Entonces reuní un equipo de diseñadores gráficos y de animadores, en mi laboratorio en Florencia The Fake Factory, e hicimos el primer borrador del trabajo. Con la música original de Stefano Saletti y una serie de revisiones con el historiador de arte Claudio Strinati, refinamos todos los aspectos de la instalación para realizar una obra de arte inmersiva total.

IG -¿Cuál fue la reacción del público?

SF – Era muy curioso observar cómo la gente veía  las instalaciones y cómo las utilizaba. El público pensó que era como cualquier otra exposición tradicional: que cada sala tenía su obra y que se tenía que quedar una hora en una  sala y luego se tenía que ir a la otra. Mi idea era que la gente debía moverse y por eso en la exposición había los mismos videos proyectados contemporáneamente en diferentes salas. En definitiva, resultó que muchos visitantes no llegaron a entender cómo funcionaba la exposición, pero gustó tanto y resultó tan exitosa que nos sorprendió incluso a nosotros (86.000 personas en 4 meses).

Caravaggio Experience. Fuente: Stefano Fake

La exposición fue muy criticada por los historiadores de arte. Dijeron que eran salas sin obras originales, con sólo videoproyecciones. Después de la inauguración de una de las  exposiciones  salió, en portada de uno de los periódicos más importantes de Italia, el artículo titulado “Italia: el país de la Fake Art, ¿cómo la gente puede pagar para ver unas reproducciones digitales?”- Stefano señala una pared completamente cubierta con recortes de periódico enmarcados – Llamé a los periodistas para explicarles la obra y enseñársela, pero no quisieron venir.

IG – ¿Guardas todas las críticas en la pared?

SF – Si, claro, lo guardo todo. Muchas críticas publicadas en los primeros años se olvidaron de hablar del storytelling y de la idea del creador de la obra inmersiva. No se trataba simplemente de proyectar las pinturas, sino de construir una experiencia alrededor del público, de llevar la gente a ver el arte desde dentro. Hacer la experiencia más dinámica y más emocional mediante el recorrido emocional. Hacer sentir el público parte de la instalación.

También me di cuenta de que los profesionales de los distintos ámbitos, como los gestores de museos, los productores o los especialistas en marketing y comunicación, tenían su idea particular de exposición de arte inmersivo. Al principio pensé que lo más fácil era explicar a todo el mundo qué estaba haciendo,  pero después vi que cada uno lo entendía a su manera.

IG – ¿Qué pasó después de la exposición de Caravaggio?

SF – Después, en  2017 me llamó otra productora, Crossmedia  Group,  e hicimos una exposición sobre Klimt experience en la iglesia San Stefano al Ponte, donde se expone Inside Magritte actualmente.  fue muy bien recibida. El primer fin de semana la visitaron 3.000 personas. Pero lo que pasó, probablemente en esta ocasión, fue que la mitad de la gente que iba a la exposición pensaba que verían obras originales del pintor. No entendieron que no había obras y que todo eran proyecciones.

También había personas que decían que hacer una exposición inmersiva de éxito es muy fácil: sólo hay que poner 20 proyectores en una sala y sonido  y la gente irá. Pues, no. Es cierto que si se hace una buena comunicación la gente irá la primera semana pero, si la exposición no comunica, no tiene guion, la asistencia  bajará. Si no hay buenas críticas en redes sociales y no hay fotos publicadas en instagram, la exposición fracasará. En la exposición inmersiva es muy importante entender la importancia de la calidad y la capacidad de crear una buena experiencia para el público, para que le guste y para que encuentre algo diferente.

En 2017 fuimos con Klimt Experience a  Milán y la expusimos en el MUDEC. Fue una de las exposiciones multimedia más visitadas de Italia en el verano de 2017. Asistieron más de 103.000 personas. – La experiencia inmersiva más visitada en Italia ha sido Caravaggio Experience, en Venaria Reale Turin, con 135.203 entradas en 9 meses.

Klimpt Experience. Fuente: Stefano Fake

IG – ¿Qué determina el éxito de una exposición inmersiva?

SF – El lugar y sobre todo las tradiciones culturales del país. En cada país la situación es distinta. En Italia hay mucho arte, mucho patrimonio. Entonces, es muy difícil entrar en el mercado cultural con obras digitales. Funciona si haces algo muy radical. Hacer un inmersivo muy inmersivo, muy dinámico, con mucha fuerza expresiva. No simplemente poner pinturas con títulos y algunas cositas que se mueven. Si lo construyes muy bien, la gente lo vive. Si no se hace bien, estás dentro de un ordenador.

En Italia, por ejemplo, el arte abstracto no funciona. Las obras de TeamLab, que expone flores, la gente no las entiende. Si en una exposición de arte de este tipo metes dentro cuatro italianos, a dos no les gustará y los otros dos preguntarán: ¿Qué es esto? En Florencia se encuentra la Uffizi, donde se exhibe toda la historia del arte. Si el público paga 15 o 20 dólares tiene que ser algo muy completo. El público italiano es muy exigente. Por eso necesitas crear algo que funcione. Tiene que tener un impacto emocional muy fuerte para justificar que la gente pague el coste de la entrada. Por eso el modelo de Disney, de abrir una sala con cuatro proyectores, no funciona.

Una característica típica de Italia es la importancia que tiene el rigor científico. Para producir una exposición inmersiva hay que contratar a un historiador de arte. En Francia, las exposiciones inmersivas no tienen ningún comisario científico. Solo los hay en Italia. El nombre del historiador siempre se cita en la comunicación.

IG – ¿Cuál es el formato de una exposición de arte inmersivo?

SF – Cuando empecé a trabajar con Crossmedia, en la exposición de Klimt experience de 2016, decidí cambiar toda la ubicación de los proyectores y la forma en que tenía que sentarse el público, porque se tiene que acostumbrar a la gente a entrar e interactuar con el espacio. Aún tenemos que llegar a un punto más desarrollado, a cambiar la actitud de los visitantes, porque todavía no saben cómo actuar. Por ejemplo, las personas mayores se ponen al fondo y ven las proyecciones como si fuera cine. No andan, ni se mueven, no sacan fotos. Los niños lo disfrutan más porque no tienen experiencias previas de cine y de teatro e interactúan jugando.

Una exposición inmersiva conceptualmente tiene que tener tres niveles de inmersión: la sala grande Inmersive room donde estás con mucha gente, rodeado de videoproyecciones de arte y  te sientes parte de un colectivo. El immersive mirror room (sala inmersiva de espejos), una experiencia en formato y tamaño más pequeños, en el que estás con menos gente y tienes la inmersión mediante espejos y reflejos. Y, por último la experiencia virtual individual con gafas Oculus. Así que primero podrás vivir la experiencia de la visión colectiva, como en el teatro, después una más pequeña, como si estuvieras en una sala de videoarte y, por último, una forma de inmersión individual de realidad virtual. Ahora estamos desarrollando otras formas de inmersión mediante la luz, que serán experiencias más multisensoriales.

Inside Magritte. Sala inmersiva de espejos. Fuente: Irina Grevtsova
Inside Magritte. Sala inmersiva de espejos. Fuente: Irina Grevtsova

IG -¿En qué fase estamos ahora y que pasará en el futuro?

SF – Actualmente todos los productores están intentando ver si hacen negocio con esto. Los que hay intentan crear sus monopolios, pero en el futuro esto va a cambiar. Lo que necesitamos ahora, y creo que en dos años lo podremos conseguir, es formar artistas digitales y dar a conocer sus nombres al público. Hoy en día, las exposiciones no llevan los nombres de los videoartistas que crean las experiencias. Y esto es lo que tiene que cambiar con el tiempo. Ahora estoy haciendo una llamada a mis colegas artistas de toda Italia. Pronto se va abrir un mercado muy importante de arte digital y quiero crear un colectivo de autores que hagan obras interesantes, reinterpretando el arte o creando nuevas obras. Necesitamos, como en el cine, nombres famosos como Kubrick, Woody Allen y otros. Si no hay autores y la gente no los conoce, nunca se podrá desarrollar el sistema de arte inmersivo que relaciona el nombre del artista con su obra. Lo importante ahora es dar valor a quien está haciendo las obras.

Hablar con Stefano ha sido una experiencia enriquecedora en muchos aspectos. Su lucha por posicionar las obras de inmersión como arte y no como un show, es estimulante y admirable.  Esperamos que su obra se exponga pronto en Barcelona y en otras ciudades de España y Europa.

Post scriptum

Es interesante señalar que el término espacio teatral (en italiano luogo teatrale) se originó en Florencia en el siglo XV. Según los historiadores, el primer luogo teatrale fue una iglesia donde se organizaban espectáculos para celebrar eventos memorables, posteriormente evolucionados, hasta el modelo del teatro cubierto que todos conocemos.

Después de cinco siglos, una iglesia florentina vuelve a  convertirse en un luogo teatrale alojando las primeras exposiciones de arte inmersivo. ¿Es casual o se trata de la punta de lanza del nuevo formato expositivo? ¿Es por ello que se han generado tantas polémicas y críticas? Seguramente lo veremos en un futuro próximo.

Agradecimientos

Quiero expresar mi agradecimiento a Stefano por su sinceridad y generosidad en compartir sus conocimientos y experiencias. Este artículo recoge sólo una parte de todo ello. Su visión y sus inacabables ideas serán sin duda alguna fuente de mis próximos posts y libros.