Barcelona inundada por el cambio climático. Reflexiones tras el cierre de the Zone of hope

The zone of hope, la atracción lúdica de realidad virtual que tematiza el cambio climático en la Tierra, ha cerrado sus puertas tras un debut que ha durado más de un año. ¿Ha ofrecido esta experiencia entretenimiento y nuevos conocimientos? ¿Ha sido una exposición o un parque temático? ¿Qué impresión ha causado al público? En este post vamos a conocer esta experiencia por dentro y, junto con un grupo de estudiantes entrevistados, vamos a reflexionar sobre la importancia de la realidad virtual en la cultura y la sociedad.

The zone of hope es una experiencia cultural cuyo objetivo consistía en mostrar las consecuencias del impacto negativo del cambio climático en el medio ambiente, que se van a vivir en el futuro, concretamente en la ciudad de Barcelona.

La ubicación para presentar la experiencia fue elegida de forma más que acertada, en pleno centro de Barcelona, a pocos minutos de la Plaça de Catalunya y muy cerca de la principal catedral gótica. Sin embargo, la entrada y la señalización pasaban bastante desapercibidas y parecían esconderse en un pequeño patio de un castillo medieval.  Al igual que muchos otros edificios del Barrio Gótico de Barcelona, el edificio que albergaba la experiencia se caracteriza por vanos de ventanas pequeños,  paredes muy gruesas y recintos de poca superficie.

Acceso a la experiencia the Zone of Hope. Fuente: Irina Grevtsova

Al interior se podía acceder únicamente según el horario establecido y con las entradas que se tenían que adquirir de antemano. El tiempo total de la visita era de media hora y una de las principales ventajas era que para los residentes de Barcelona la entrada era libre. El proyecto fue producido por Aigües de Barcelona en colaboración con Mediapro.

La experiencia y el guión

Al entrar en el edificio se tenían que dejar todas las cosas y durante la visita estaba prohibido hacer fotos. El personal joven saludaba amablemente a los visitantes y acompañaba al grupo, compuesto como mucho por cuatro personas, a una pequeña sala en la que los participantes recibían la primera tarea: introducir los datos personales (nombre y correo electrónico) en una pantalla táctil. Después, en una pantalla situada en la parte superior de la sala, se proyectaba un vídeo animado explicando las normas de comportamiento a seguir durante la visita como, no empujar a los demás, ni dar saltos, ni quitarse el equipo por cuenta propia. Si los visitantes se llegaran a sentir mal debían llamar a Violeta levantando la mano. Las instrucciones se daban de forma rápida, sin posibilidad de hacer preguntas como, por ejemplo, ¿quién es Violeta?

Finalizado el vídeo se hacía pasar a los visitantes a otra sala en la que, en el suelo, tenía unos símbolos que indicaban las posiciones que debían ocupar los cuatro participantes. Prácticamente al mismo tiempo, entraban en la sala cuatro supervisores cuya tarea consistía en poner un traje especial a cada uno de los participantes. El equipo, para la experiencia virtual, constaba de un ordenador portátil guardado en una mochila, que pesaba aproximadamente 2 kilos, dispositivos wereables que se fijaban en las muñecas de las manos y en las pantorrillas, auriculares y, por supuesto, gafas 3D.

Los pensamientos más diversos me pasaron por la cabeza en aquel momento. Me sentí metida en el papel de un astronauta que se estaba preparando para el lanzamiento a la Luna.  El momento más emocionante fue cuando me tenía que poner las gafas 3D.  Me daba cuenta de que al ponérmelas perdería la conexión con el mundo real, y esto me causaba sensaciones desagradables. No obstante, al cabo de cierto tiempo, me acostumbré a mi nuevo estado y la sensación de incomodidad desapareció.

Lo primero que vi en las gafas de realidad virtual fue una habitación virtual muy parecida a la real. De forma muy exacta fueron recreadas las dimensiones del recinto, la iluminación, los muebles y los objetos. Luego vi mis manos con guantes blancos y, cerca de mí, a mis dos acompañantes que, igual que yo, vestían unas elegantes escafandras de color blanco. Las nuevas vestimentas conferían a nuestros cuerpos una elegante complexión atlética. Nuestros rostros estaban ocultos bajo los cascos y sólo podíamos reconocernos mutuamente por el color de las luces en nuestros trajes. Al final, nos pusieron auriculares blandos que nos sumergieron en el silencio del mundo virtual y nos dieron unos minutos para que nos acostumbráramos a nuestro nuevo aspecto.

La experiencia empezó con la proyección de un vídeo con imágenes de las últimas noticias sobre catástrofes ocurridas en la Tierra a consecuencia del calentamiento global. La narración venía acompañada por la historia de la vida de una joven llamada Violeta. Representaba que en el momento de la grabación del vídeo era una niña pequeña. Se la veía jugar despreocupadamente y celebrar fiestas rodeada de su familia mientras, de pronto, por los auriculares se nos avisaba de que íbamos a realizar un viaje a su futuro, en el que veríamos qué pasará si la humanidad no toma medidas contra el calentamiento del planeta.

A la derecha apareció una puerta virtual y se nos invitó a entrar. El momento más emocionante fue atravesar el umbral.  Sin prisa, uno tras otro, llegamos a una cueva de hielo. Al entrar sentí inmediatamente el cambio de temperatura, el frío y el silencio. Violeta que, como nosotros, tenía puesta una escafandra, nos estaba esperando en un mirador con vistas al océano. Esperó a que entráramos y empezó a contar su historia: tengo 20 años y soy una colaboradora científica que participa en investigaciones sobre el derretimiento de los glaciares. Alrededor veíamos glaciares y oíamos enormes témpanos de hielo romperse y caer en el océano.

Violeta nos dijo que tocáramos las paredes. Al tacto eran frías y húmedas, como el hielo. Nos explicó que en los últimos 20 años se ha producido el calentamiento del planeta y esto nos ha llevado a que se derritan los glaciares. El oso blanco, al que veíamos a lo lejos, es una de las últimas especies que han sobrevivido.

De repente, oímos una señal acústica que informaba de la necesidad de evacuación. Teníamos que abandonar el mirador. Violeta nos habló  de una próxima inundación y, junto con ella, tuvimos que apretar una serie de tuercas para evitar que el agua entrara en el compartimento en el que nos encontrábamos.

La siguiente escena de nuestro viaje fue en la terraza superior de un edificio de gran altura, ubicado en la Plaça d’Espanya de Barcelona, que se encontraba totalmente inundada. Todas sus calles adyacentes estaban bajo la superficie de las aguas y, en lugar de coches, circulaban barcas y lanchas. Ante nuestra vista se desplegaba una ciudad sombría, sumergida en las tinieblas, con imágenes que recordaban Blade Runner. Violeta contaba que en 2068 las incesantes lluvias torrenciales se habían convertido en una catástrofe para la mayor parte del planeta. Solo los habitantes del hemisferio norte podían gozar del sol.

La siguiente parada fue en el año 2093. Esta vez estábamos en un desierto y sentíamos su aire seco y cálido. Violeta nos propuso cobijarnos del calor en el laboratorio científico donde trabajaba y, para ello, teníamos que subir en un montacargas. Al arrancar empezó a hacer mucho ruido y a temblar y percibimos, con cierto temor, sus vibraciones. A través de un enorme cristal se divisaba el desierto, mientras Violeta contaba que antes era uno de los parques naturales más hermosos de Catalunya. Al tocar el cristal virtual vimos un parque verde con un embalse de agua proyectado desde los recuerdos de su infancia. Al final del recorrido, Violeta nos dijo que se sentía muy cansada, a causa del calor, y deseaba estar sola. Abandonamos el laboratorio dejándola jadeante, sentada en una silla y pasamos a un nuevo espacio que resultó ser el sitio de inicio. Así terminó nuestro viaje virtual al futuro.

Nos despojaron de todos los dispositivos y nos invitaron a pasar a una sala con una pantalla enorme. Un corto documental, en el que aparecían conocidos líderes espirituales contemporáneos, personalidades políticas y del ámbito cultural, que llamaban a reflexionar sobre las consecuencias de nuestros actos y a tomar medidas.

Después de ver el documental, se nos ofreció participar en una encuesta. Para ello, cada participante debía elegir entre varias pantallas digitales su foto, hecha previamente en la primera sala, y contestar a las preguntas sobre sus impresiones e intenciones posteriores, en relación con la protección del medio ambiente. La encuesta, una vez rellenada,  se enviaba a la dirección de correo electrónico.

Realizamos un pequeño experimento

Para averiguar qué piensa el público de la experiencia y, en especial la generación joven, bien familiarizada con las tecnologías y los juegos virtuales, llevamos a cabo un pequeño experimento con los estudiantes de diseño de interiores de la LCI de Barcelona.

Reservamos las entradas de antemano y formamos 2 grupos. El experimento tuvo lugar un viernes por la tarde. Curiosamente resultó que solo unas pocas personas del grupo estaban familiarizadas con la realidad virtual. Para la mayoría, fue el primer encuentro con ella.

Realización de las encuestas. Fuente: Irina Grevtsova

¿Cuál fue su reacción?

Muchos coincidieron en que la experiencia resultó corta. Desde su punto vista, la experiencia aportaba concienciación del problema, sin embargo, la información proporcionada no era suficiente, dado que todos están muy familiarizados con la temática al haberla estudiado en profundidad en el colegio.

Entre desventajas destacaron la incomodidad de los wereables, la mala calidad del video (algunos opinaban que muchas veces se veía borroso) y el desencaje con el cuerpo virtual. Todos estaban de acuerdo en que la activación de los sentidos y la sensación de presencia eran lo más importante de la visita, lo cual hacia que la experiencia resultara muy realista. Todos dijeron que recomendarían esta experiencia a la familia y a los amigos por su novedad. Creen que esta experiencia sería especialmente útil para la gente que no sabe nada de la situación y que no son conscientes del problema.

Reflexión

Sin duda alguna, el principal valor de este tipo de realidad virtual es la experiencia táctil. Fue posible gracias al uso de los últimos avances técnicos, incluidas las llamadas tecnologías de La Hyper Reality Experience.

La posibilidad de moverse y vivir la experiencia en grupo en tiempo real, sentir el cambio de temperatura, las vibraciones del montacargas, el frío de las paredes y, en general, el involucramiento de los participantes en todo lo que pasa, intensificaron notablemente el efecto de inmersión acercándolo al de una experiencia real. Si los visitantes hubieran visto el vídeo sentados en sillas y con auriculares, habrían tenido la simple impresión de ver una película.

La realidad virtual demuestra su gran potencial para su uso con fines educativos y de entretenimiento. El involucramiento activo de los participantes ha sido reconocido como un elemento importante del proceso educativo. El ambiente interactivo tridimensional creado por la VR permite facilitar la comprensión de temas complicados.

Sin embargo, según muestran los resultados de las encuestas, de momento, incluso los formatos de una hiperrealidad virtual tan caros son imperfectos: el equipo es voluminoso, la calidad de las imágenes y de la inmersión que suscitan, no es lo suficientemente buena, y la duración de la experiencia es muy corta, posiblemente a causa de posibles efectos secundarios desagradables.

El relato se construye sobre la base de los conocidos datos científicos del cambio climático, aplicados al corazón de Barcelona, pero se echa en falta un storytelling más detallado, con hechos curiosos y más profundidad y acercamiento del contenido.

Otra desventaja importante radica en el predominio inicial de pantallas que anulan prácticamente la interacción humana. En esta experiencia las funciones de las personas monitores se limitaron a prestar servicios y dar instrucciones y eran las tecnologías las que contaban historias. Yo eché en falta interacción humana, lugares para descansar de las pantallas, conversación, discusión de lo visto e intercambio de opiniones.

Hoy el interés hacia la realidad virtual crece significativamente y se la utiliza en muchos ámbitos, desde los expositivos, docentes y culturales hasta los de ocio, deporte y recreativos. El uso de la realidad virtual con fines recreativos se ha convertido en una práctica recurrente en todo el mundo. Surgen cada vez nuevos formatos. Uno de los ejemplos más increíbles del uso de la realidad virtual en las atracciones es el parque temático de realidad virtual en Dubai. Allí están disponibles juegos virtuales de todos los tipos, en grupo o individuales, con casco o sin él. Todo el parque está poblado exclusivamente de máquinas y dispositivos de realidad virtual con colas enormes de gente para acceder a ellos.

Virtual Reality Theme Park, Dubai. Fuente: Irina Grevtsova

¿Cómo conseguir la experiencia virtual más ligera de equipamiento?, ¿cómo encontrar el equilibrio entre lo humano y lo tecnológico? Éstos son algunos de los retos a los que se enfrenta la realidad virtual de hoy.